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Visita privada en la Alhambra de Granada

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Visita privada a la Alhambra de Granada

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Evita las colas para entrar a la Alhambra en un tour por uno de los palacios más famosos del mundo. En este tour privado de 3 horas por el Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, visita la Alcazaba, los Palacios Nazaríes y los jardines del Generalife.


Visita guiada privada en la Alhambra de Granada

Lujo, seguridad y máximo aprovechamiento de la visita. Esas son las ventajas de una visita privada a la Alhambra de Granada. Una experiencia solo para ti y tu grupo,

Programas privados en la Alhambra de Granada


Sobre la Alhambra de Granada

La historia se puso generosa con la urbe de Granada y se convirtió en su hada madrina. Esto lo decimos porque le concedió un don inestimable: la Alhambra.

Así, la dama agitó su varita a principios del año 1234, fecha en la que empezó a levantarse este tremendo palacio rojo, y agració a la ciudad con un bello alcázar que hoy se considera una de las nuevas Siete Maravillas del mundo compartiendo honores con colegas como el Machu Picchu, el Coliseo de Roma o la Gran Muralla china.

Aunque el polvo de los siglos ha caído sobre la tumba del ideólogo del monumento, me temo que el sultán andalusí Muhammad y sus sucesores todavía ejercen de conquistadores; pero, esta vez, anexionan a su imperio el corazón de los admirados viajeros que no hacen más que suspirar de amor en forma de flash de cámara fotográfica. Así, el Palacio extenúa a los fotógrafos con su estampa de cuento y sus murallas rojizas. De hecho, de su color deriva su nombre (qa’lat al-Hamra’), Castillo Rojo.

Muchos sultanes invirtieron su imaginación e ilusión en la construcción de esta maravilla arquitectónica. De este modo, Yúsuf I (1333-1353) y Mohamed V (1353-1391) se pusieron soñadores y, tras un atracón de musas, legaron a la ciudad el Patio de los Leones, el Cuarto de Comares, los Baños, entre otras preciosidades anexas.

Qué ver

Una vez personado en el enclave, el viajero ha de repartir su tiempo entre portentos como el Generalife (residencia veraniega de estos árabes de alcurnia y donde enamorarse en sus jardines debió de ser un placer), la Alcazaba, o el Patio de los Leones.

Por cierto, avisamos de que los doce felinos han sido mudados al confort de un museo donde se hallan en restauración, aunque prometen regresar a su “Olimpo” en la Alhambra. En su lugar, unas réplicas exactas tratan de engañar al turista, pero me temo que no lo consiguen. Sin embargo, no sólo los árabes “pusieron piedras” en la Alhambra.

De este modo, el monarca español Carlos V osó plantar aquí un palacio de la época cuya construcción se emprendió en 1533. El edificio contrasta con el entorno circundante, pero el turista podrá conocer sus entresijos sin rascarse el bolsillo.

Cómo hacerse con una entrada. Precios y horarios.

Pero para tener la dicha de deambular por la Alhambra, el trotamundos habrá de hacerse con una entrada. Aquí las opciones son apabullantes y se puede optar entre la venta tradicional en taquilla (sólo se expenden billetes para el mismo día), por cajeros de Servicaixa (usted se lo guisa y se lo come auxiliado por la “competente” maquinita), adquisición por Internet (por supuesto), e incluso por teléfono suministrando los datos de la tarjeta.

Una vez decidido el canal de compra, toca elegir el turno: de mañana, de tarde e incluso se permiten las visitas nocturnas. Eso sí, circunscritas a unos monumentos: la Alcazaba y el Generalife. Empápese bien de información antes de soltar los cuartos, pues después no hay piedad con los arrepentidos.

Le recomendamos un paseíllo por esta web: Visitar la Alhambra,  a los precios para citarse con el Castillo Rojo, éstos se sitúan entre los 6 euros (si sólo se adentra en los jardines) hasta los 13. Por supuesto, al viajero jubilado le hacen descuentos, y al jovenzuelo también. Para los menores de doce años y discapacitados, “ancha es Castilla” así que los felices padres ahorrarán para sus estudios.

Por cierto, el trotamundos que opte por comprar su entrada en taquilla no debe sorprenderse si se topa con una cola escalofriante nada más llegar a las inmediaciones de la Alhambra, sobre todo en temporada alta y fines de semana. Así que madrugue para dar esquinazo al plantón y a la espera desesperante.


 

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